La respuesta indirecta: el texto ante el riesgo del «tú»
04 enero 2026![]() |
| Intervención gráfica de la fotografía de Martin Buber en Jerusalén. Fotografía original de Boris Carmi. Colección Meitar. Biblioteca Nacional de Israel. Colección Nacional de Fotografía de la Familia Pritzker. CC BY 4.0 Fuente: Wikipedia. |
Toda crítica es una respuesta. Hay críticas que operan como un centro de diagnóstico: se busca llegar a la prescripción de una especie de mal que se «debe» erradicar. El deber aparece oculto y poroso en la articulación del discurso: de esta manera, se cubre de optimismo en su búsqueda de la verdad cuando, en realidad, afirma, apenas, el señalamiento del otro. Así, bajo el escrutinio de su lupa — pero oculta bajo el velamen de su moralidad — , ese tipo de crítica suele navegar por el cosmos como un ojo sin gravidez que se ubica ligeramente por encima del horizonte para detectar las anomalías, defectos y tendencias ocultas del sistema: la crítica como arqueología. Pensar de esa manera es como buscar los engranajes ocultos, descifrar el «modus operandi» de las cosas — y la gente — , mientras se proyecta la imagen de horizontalidad.
Quien ejerce la crítica desde esta lógica, opera desde una reacción a los estímulos que se le presentan sin ser del todo evidente en su escritura. Casi nunca se dice «esta reflexión surge de tal punto clave, por la lectura de este o aquel autor, a partir de cierto fenómeno o comentario tal», sino que evita la enunciación. Más que buscar un «tú» en relación y diálogo con un «yo», busca siempre un «ello»: el otro se vuelve utilidad. Ya no importa que esa persona se relacione con lo que pensamos de ella, sino que se vuelve una excusa productiva: un «tú» personal e irrelevante versus una «escritura» impersonal y pública.
El sujeto que se constituye como el centro del análisis crítico se diluye para permitir que surja una reflexión aparentemente más significativa y «correcta» desde lo estético. ¿Realmente buscamos la verdad y que el mundo sea más justo cuando ejercemos la crítica? ¿Desde qué lugar la ejercemos, para qué, qué ganamos con ello? ¿Es una manera de respeto hacia el otro evitar la confrontación, o apenas, una estrategia de evasión? ¿Cambia mi crítica cuando el otro puede responderme directamente? Al decir «tú» corremos el riesgo del señalamiento inverso, es decir, que también se nos cuestione, que se evidencie nuestra intención primaria. Aunque no todo tiene por qué responder a la velocidad de la reacción automática, hay silencios que ganan el tiempo suficiente para caer en lo predecible.
Una crítica constructiva se fortalece con la proximidad, pero también con la apertura: la disposición a que el diálogo cambie no solo nuestra lectura del otro, sino nuestra propia posición. ¿Qué posición ocupamos durante un intercambio y estamos dispuestos a poner en tensión con el otro?
Quisiera pensar que toda crítica busca en el fondo una construcción, espacios de enriquecimiento mutuo donde surge lo significativo, que quien aporta una reflexión desea también regalar una mirada más que «controlar una narrativa». Quisiera pensar que sirve de algo la escritura más allá de la legitimación de nuestra posición como figuras mediáticas de cierto alcance. Pero la prescripción también es una manera de control, solo que más simbólica y sutil, ya que se viste de una intensión positiva para legitimarse ante aquello que cree correcto. La distinción está en cómo se presenta: sin un señalamiento directo, se aligera también nuestra responsabilidad con ese otro. ¿Para quién hablamos cuando escribimos? Elijo creer en la posibilidad de encontrarnos.
Toda crítica contiene algún gesto normativo que no está mal reconocer: la distinción está en cuándo ese gesto se reconoce y se pone en tensión, o si se oculta bajo otras apariencias. Toda crítica es una respuesta que opera por contraste. Sin embargo, más allá de la crítica en sí misma está el cómo la abordamos y qué decidimos hacer con ella.
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Lecturas recomendadas:
Buber, M. (2019). Yo y Tú. Ediciones Carro de Heno.

